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Leyenda de la Flor de Mayo

25 Jun

arbol flor de mayo

La Leyenda de la Flor de Mayo, también conocida como la Leyenda de Sac-Nicté —no confundir con La princesa Sac-Nicté—, habla de un indio que se enamoró de las estrellas, pero muy particularmente de esas que forman la llamada Cruz del Sur, que son como de plata y luminosas, ofreciendo un soberbio espectáculo celeste. El indio se pasaba muchas horas contemplando el nocturno panorama inundado de múltiples estrellas, pero sobre todo en las noches de mayo en que quedaba cautivado por su visión favorita. Era casado y con muchacha guapa, pero la naturaleza le había negado sucesión y esto le traía descontento y triste.

Y se dice que de tanto mirar las estrellas de la Cruz del Sur, se imaginó la dicha de tenerlas por hijas, lo que demuestra que su amor por aquellas estrellas surgía de su ardiente deseo de ser padre. Y ese fervor lo motivó a rogar a los dioses para que le depararan la felicidad de tener una hija que fuese bella, tan bella como una de aquellas estrellas que eran su obsesión. Tan intensas fueron sus súplicas, que los dioses al fin consintieron en cumplirle el deseo de que su mujer quedara en cinta. Y un día del dulce mes de mayo su mujer dio a luz, colmando la felicidad del esposo. Fue una niña primorosa, asombrando a sus padres el hecho de no ser su piel de color de indio, sino mas bien blanca, pero pálida. El padre se preguntó cómo había podido ser aquello, y pronto se convenció de que los dioses le habían cumplido sus deseos dándole aquella hija de piel blanca como de plata, como más podía parecerse a las estrellas de la Cruz del Sur… Confió a su mujer su creencia descubriéndole aquel secreto, aquella su enamorada obsesión, y los ruegos que había hecho a los dioses. Y ambos quedaron tan felices creyendo que se había efectuado el milagro.

La niña fue creciendo, pero cada día se volvía vez más paliducha y enfermiza, lo que curiosamente le iba dando más interesante belleza. Podría decirse que su tez era como de cera, y se pasaba las horas mirando melancólicamente al cielo nocturno, como si algo buscase en las estrellas.

La pálida niña se llamaba Sac-Nicté, que significa flor blanca, pues en efecto ella era como una blanca flor de cera. Pero realmente estaba enferma. Cada día estaba más débil, más frágil, más triste. Y al llegar a la pubertad su estado se agravó, causando gran alarma en sus amorosos padres.

Solicitaron la ayuda de los mejores curanderos de la comarca, quienes acudieron presurosos a atender a la niña. Y aunque emplearon a fondo todos los recursos de su ciencia, sus esfuerzos y experiencia fueron ineficaces. Todos ellos manifestaron su ignorancia respecto a aquella enfermedad desconocida, concluyendo que los dioses habían dispuesto llevarse consigo a la chiquilla.

Y en el mes de mayo, cuando la Cruz del Sur brillaba en todo su esplendor, cuando las primeras estrellas comenzaban a encenderse, falleció la niña Sac-Nicté.

Sus padres estaban desesperados, pero al día siguiente el hombre soñó que una voz misteriosa le hablaba diciéndole que no se atribulase, que su hijita había volado directamente al Cielo a ocupar su lugar en la Cruz del Sur, pues había sido una de las estrellas que por disposición de los dioses y satisfacer los ardientes deseos del padre, había tomado forma humana, haciéndola nacer de la mujer de aquel indio…

Muerta la niña se le hizo un pomposo entierro en el muy humilde cementerio del lugar. Poco después surgió sobre la sencilla sepultura, un árbol que nadie había sembrado, y que en el mes de mayo, cuando aparece en el cielo la esplendorosa Cruz del Sur, dio unas bellas flores blancas como de cera, hasta entonces desconocidas. Así fue que en el Mayab se produjeron por primera vez aquel árbol y aquellas lindas y perfumadas flores. Y por eso se llama Flor de Mayo el árbol como también su flor.

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Publicado por en junio 25, 2009 en Época Prehispánica

 

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